"Ni en tu pueblo ni el mío", ese es el lema elegido por la Asociación Stop Biogás Castilla y León con el que dejan clara su postura contraria a la instalación de plantas de biogás en cualquier lugar.

El 20 de mayo de 2026 se celebró una charla, organizada por Izquierda Unida y Gana Medina, en la que se abordó la situación que se ha creado por el impulso en la instalación de plantas de biogás, o biometano. Es una apuesta política de la Unión Europea cuyo resultado, a tenor de la experiencia ya vivida en muchos lugares, no genera más que perjuicios para los municipios en los que se ubica una de esas plantas supuestamente ecológicas.

Francisco Javier Martín Sanz, miembro de la asociación, explicó que las plantas de biogás utilizan residuos de diferentes clases para generarle: restos agrícolas, basuras domésticas, heces avícolas, lodos de depuradoras y excrementos porcinos: estiércol y purines.

La mezcla de todos esos materiales es la que se somete a un proceso para generar biogás. Ese producto está compuesto principalmente por metano (50-65 %) y dióxido de carbono (35-45 %). También en menor proporción sulfuro de hidrógeno, amoníaco, vapor de agua y compuestos orgánicos volátiles.

Ese biogás primigenio debe ser depurado para extraer el metano, que es el único producto que les interesa a las empresas energéticas. El resto de elementos simplemente se desechan expulsándolos a la atmósfera, con la consiguiente contaminación incontrolada del aire que respiramos.

Solo se aprovecha entre el 5 y el 15% del material que se utiliza

Una vez extraído el metano se genera el residuo del resto de elementos que se utilizan en la mezcla inicial, y eso es entre el 85 y 95 % de todo ese material. Una planta de 100.000 toneladas genera un residuo, llamado "digestato", de entre 85.000 y 95.000 toneladas al año, un residuo que hay que recoger, transportar e intentar utilizar o destruir posteriormente. Todos ellos procesos contaminantes en mayor o menor medida.

La gestión de una planta media de biogás requiere el uso de 35-36 camiones diarios para la entrada y salida de material. Camiones que llevan estiércol, purines y producto de deshecho que circula no solo por el municipio que alberga la planta, también por los pueblos cercanos, la mayoría de ellos pequeños municipios que no tienen circunvalación. O sea, 35 camiones cargados de material fétido circulan todos los días entre los vecinos del pueblo y los de los que tengan que atravesar antes de llegar y después de salir de la planta.

Según Francisco Javier Martín los vecinos de Ólvega, Soria, denuncian que no pueden tender la ropa porque "se impregna del mal olor de la planta". Tampoco pueden abrir las ventanas para ventilar porque el interior de las casas se llena de pestilencia procedente de la planta de biogás y el paso de material hediondo.

Ese tráfico de 35 camiones diarios provoca también el rápido deterioro de las carreteras y los caminos locales, que no están preparados para soportar tráfico pesado intenso. Esos daños en la infraestructura pública necesita reparaciones continuas que nunca pagan las empresas que gestionan esas plantas de biogás.

La experiencia acumulada hasta ahora en diversos lugares certifica, según Francisco Javier Martín, que lo que está provocando la instalación de estas plantas de biogás es el decrecimiento de la población porque nadie quiere vivir cerca de ellas teniendo el cuenta la cantidad y gravedad de los problemas que provoca.

Las plantas de biogás no son neutras en contaminación

Las empresas que promueven este tipo de plantas dicen que son totalmente neutras en cuando a contaminación, que no producen CO2, pero el ponente asegura que es mentira "porque la mierda que utilizan no cae del cielo directamente a la planta, antes ha habido que producirla y transportarla". Además la propia planta sí produce CO2 que las empresas liberan en la atmósfera contaminando el aire incontroladamente.

Por otro lado está el problema del "digestato". Entre el 85 y 95 % del material que utilizan no es aprovechado como biometano. Las empresas dicen que convierten esos residuos en un material de gran poder fertilizante. Los expertos sostienen, no obstante, que la composición de ese "digestato", puede no se apta para abonar por su posible contenido de sustancias nocivas como pueden ser antibióticos, bacterias dañinas y metales pesados. Luego, una vez más, las empresas no cuentan toda la verdad.

La alcaldesa de Balsa de Ves (Albacete) asegura que la macrogranja y el biogás solo ha traído perjuicios para su pueblo. "Una alcaldesa que aprobó una planta de biogás, imagino que se creyó todas las milongas que le contaron, y ahora la mujer anda de misionera por el país diciendo al resto de alcaldes que hagan lo que sea pero que no se les ocurra, que no lo pongan", relata Francisco Javier Martín.

El peso de los políticos

Políticos vinculados a las energéticas: Felipe González, Aznar, Calvo Sotelo, Rato, Boyer, Guindos, Solbes, Elena Salgado, Isabel Tocino, Ana Palacio, José Blanco, Isabel García Tejerina o Fátima Báñez. Las energéticas consiguen que a través de la influencia de personajes como estos se cree la legislación que ellas necesitan para hacer este tipo de barbaridades, señaló el conferenciante.

Las empresas energéticas, y los políticos, nos presentan las plantas de biogás como "verdes, gestionadoras de residuos, renovables, etc. etc. etc. Con ello crean un código moral que las glorifica", asegura Francisco Javier Martín. Pero su ponencia evidenció, con pelos y señales, que los argumentos de las energéticas y los políticos para defender este tipo de instalaciones son falsos.

Si quieres escuchar la conferencia completa puedes hacerlo pinchando este enlace.