Mis amigas y compañeras (utilizaré el género femenino como genérico) de IU Medina me han pedido un artículo para el día de la mujer.

Comienzo a escribir y a recordar que hace ya 40 años de la creación de IU y hace muchos años más que la Izquierda de este país escribe y participa en textos, discursos, charlas, talleres y manifiestos para apoyar el sentimiento feminista, para conseguir la igualdad de derechos y destacar la mirada propia de la mujer en la sociedad.

Los temas de los que hablamos durante todos esos años siguen de actualidad: Los tiempos de la vida de las mujeres, los cuidados, la invisibilidad, lo que nos cuesta hablar en público y que los hombres no nos arrebaten la palabra, la participación en la vida pública y política, la maternidad, la posibilidad de decidir una vida con y sin pareja, el aborto, la sexualidad femenina, la carga del trabajo doméstico, el maltrato a la mujer solo por serlo, las exigencias sociales de  cuerpos perfectos, las violaciones, la insistencia de las religiones en atropellar nuestros derechos,   la violencia hacia las mujeres en todos los ámbitos,  la culpabilización de las víctimas y muchos, muchísimos más problemas que parten de la creencia de que la mujer es inferior al hombre.

Recuerdo muy bien una charla que me llamó mucho  la atención por lo novedoso y revolucionario de la idea.  La ponente expuso una propuesta de iniciativa popular del movimiento  de mujeres italianas en los años 80. Hablaba sobre” la transformación del tiempo y el espacio en las mujeres”  

Constataron que el transcurso del tiempo y la organización del espacio solo se reconoce en términos monetarios. La organización social se basa en el tiempo del trabajo y de la productividad y no en las personas. Las mujeres ceden su tiempo al servicio de la proyección social y profesional de los hombres y dedican en promedio más del doble de tiempo a labores no remuneradas que los hombres (66,8% frente a 33,2%)

Con lo cual la sociedad es poco paritaria por la falta de incorporación de los hombres al trabajo relacionado con la vida cotidiana de los cuidados y el trabajo doméstico. Las mujeres y los hombres viven el tiempo de forma desigual.

La propuesta de las italianas reivindicaba para hombres y mujeres el poder vivir a lo largo de todo el ciclo de vida cotidiana una pluralidad de tiempos, el del estudio, el del afecto, el dedicado a una misma… Para ello propusieron una serie de cambios concretos en la organización social que tenían en cuenta la prioridad del bienestar de las personas como eje principal.

No sé si esta propuesta se llevó a cabo, ni sus resultados en la sociedad italiana, pero seguro que algo mejoró con ella.

Otro tema del que se viene hablando desde hace tiempo, pero que no ha tenido la repercusión suficiente en la legislación, es la incidencia del trabajo doméstico no remunerado en el PIB.

Muchos estudios indican que si el trabajo domestico no remunerado, que en su inmensa mayoría realizan mujeres, se contabilizara, el PIB español aumentaría un 40%, con las mujeres generando casi el 52 % de esta riqueza. A nivel global se estima que esta labor representa el 9% del PIB mundial. En términos de valor las mujeres aportan 2,5 veces más valor económico en cuidados que los hombres.

A la vez, esta carga de trabajo limita el acceso de las mujeres a empleos remunerados, formación profesional y ascenso profesional, lo que genera brechas salariales y menores prestaciones de jubilación. La falta de reconocimiento de este trabajo perpetúa la desigualdad de género, limitando el desarrollo profesional y económico de las mujeres, a pesar de ser esencial para el funcionamiento de la sociedad.

Parece que todas estas reflexiones colectivas, a lo largo de tanto tiempo, no hubieran servido para nada, pero no es así. Cuando las personas llegan a integrar en su interior lo que significa el feminismo, lo incorporan a sus actuaciones diarias y lo transmiten a sus iguales y a los hombres cercanos y, muy importante, a las siguientes generaciones, llega el momento de conseguir que, a través de leyes, se fijen las costumbres y se protejan los derechos.

Como ejemplo, recalco que una Ley bastante reciente de nuestro país ha conseguido cambiar muchas estructuras que parecían inamovibles. Me refiero a la Ley que amplió el permiso de paternidad y situó en igualdad de condiciones a padres y madres. Ha conseguido varios objetivos, igualar a las mujeres frente a las empresas, que los hombres se impliquen en los cuidados de los recién nacidos, que se valore el trabajo de la crianza y que se compartan los trabajos domésticos.

Nadie de izquierdas puede ser machista, racista, xenófobo, monárquico u homófobo, todas estas actitudes manifiestan desigualdad.

Queda mucho por hacer, pero todo ha servido. No caigamos en el derrotismo, y mucho menos dejemos que nos arrebaten lo conseguido. Si seguimos hablando de lo importante, aprendiendo de otras iniciativas, transmitiendo lo que valoramos y presionando para que se legisle, estaremos dando grandes pasos hacia nuestro principio básico y más importante que, a mi modo de ver, es la aspiración a conseguir la igualdad real de todas y todos.